| Peso | 0.270 kg |
|---|---|
| Dimensiones | 18.5 × 1.2 × 24.5 cm |
Publicado en 2017
Subtotal: $15.800
Tic y Tac se preparan para comenzar un viaje, tomando todas las precauciones por si ocurre algún evento inesperado. Con la sencillez narrativa de María de la Luz Uribe y la técnica del afamado Fernando Krahn en las ilustraciones, los autores enseñan a niños y niñas lo fácil que puede ser emprender un nuevo camino solo con la carga necesaria.
$12.500
| Peso | 0.270 kg |
|---|---|
| Dimensiones | 18.5 × 1.2 × 24.5 cm |
Publicado en 2017

Autor: Héctor Álvarez Godoy.
“Uno de los elementos más interesantes de su dramaturgia es la fidelidad a sus orígenes; todas estas obras nos traen recuerdos, fragmentos, pedazos de historias sobre el “Norte Chico”, de los que hemos escuchado rumorear. Y sin embargo, siendo este el hilo que une las cuatro historias aquí representadas, resultan entre ellas eclécticas y diversas en sus paisajes, personajes y relatos.
El autor, aparece como un verdadero antropólogo de la lengua nortina; escribe diálogos donde los modismos e imágenes nutren de realidad y de verdad el relato dramático. Es como si él mismo hubiese estado parado de niño en esas cocinas, entre mujeres y sirvientas, en los valles secos, entre pastores tomando mate, apeando sus burros y mirando ese cielo azul tan grande del norte chileno, como si las travestis coquimbanas fueran sus amigas y confesoras, tanto como para saber tan bien cuales son los profundos deseos de sus almas.
La presente selección nos comunica y conecta con una memoria regional que pone en discusión el concepto de identidad en tanto nos hace preguntarnos ¿qué somos si también somos esto que no conocíamos? Si bien los textos son primeramente bitácoras de ensayo, remarcan sin duda, lo social como un compromiso personal asumido por el autor, quien milita apasionadamente en cada uno de ellos”.
Prólogo: Cristóbal Pizarro Schkolnik. Actor de la Universidad de Chile (2009) y Master en Escritura Dramática (2015), por la Royal Central School of Speech and Drama de Londres, Reino Unido. Traductor y director.
Imagen de portada: Ricardo General.

| “Texto testimonio de una estancia en el norte. Estancia en el doble sentido: a su manera una propiedad de tierra indefinida y extensa, aunque simbólica, testimonio de un precario habitar, de una advenediza apropiación, cuyos títulos son los que otorgan los textos. Entiéndase títulos de propiedad simbólicos, provisionales, otorgándole a la poesía o al lenguaje una función de posicionamiento. Consciente o inconscientemente se le concede a la poesía cierta condición de posicionamiento, que hoy llamaría las marcas simbólicas territoriales que nuestros hermanos mamíferos u otros seres replican o nos demuestran de otra manera”
(del Prólogo). |

«Un libro celebratorio. Una palabra plena de autonomía, humor, y goce no hedonista sino fruitivo, que es goce del bien propio desplegado íntegro. Stella Díaz Varín, saca las cosas de su habitualidad: rompe lugares comunes y expresiones formularias, y traza sobre la realidad oscurecida, imágenes que la alumbran. En ese trabajo solitario, en un periodo de masculinidad literaria, se prologa y epiloga, estableciendo su vigencia con sutileza y sagacidad. Tiempo, medida imaginaria —un libro breve, de peso específico, escrito hace más de seis décadas— sigue proponiéndose para hoy. Concebido desde el lado femenino nietzscheano esculpe y retalla su genealogía e historia de vida, proyectando la poesía al lugar del conocimiento y señalando un tiempo perdurable de liberación por la escritura».
Elvira Hernández
| “Pompeya”, en palabras del dramaturgo, fue escrita en un período de cuatro años aproximadamente y fue estrenada el 2017. Una textura cruda, ruda, dura y violenta da sustento a las palabras de Leila, Suzuki, Beyoncé y el maricón Lucho. Sus voces son las voces de las y los excluidos, las travestis y el maricón. Un universo plagado de transas en las esquinas, en el que se vende la tele para comprar cocaína, riñas callejeras por el territorio que, al fin y al cabo, no es de nadie. Se siente en este espacio el odio entre chilenas, colombianas, ecuatorianas y peruanas; y se patentizan las muertes, muchas muertes que quedan impunes, porque tal como dice Leila, la más rabiosa de las travestis: “Los pacos no van a mover el culo. Pa’ ellos una trava desaparecía no es ni una hueá […] Somos pobres y putas, si no hacemos justicia por nuestras manos, nadie va a hacerla”.
Texto de Maritza Farías Cerpa |
2021. En La pajarera Eduardo Plaza (1982) despliega un admirable abanico narrativo para delinear Coquimbo o, más específicamente, sus recovecos y su imaginería. Un caudillo busca transformar la ciudad en un epicentro del turismo pirata y, a la vez, en un muestrario de todas las potencias del mundo; una celebración anual empuja al frenesí colectivo, pero también a charlatanes y criminales; el guitarrista de una célebre banda de cumbia elige —después de recorrer el país y el extranjero— no moverse del nido; una adictiva investigación advierte la presencia y la negación de los changos como pueblo originario de la bahía; y como telón de fondo, siempre latente y delicado, un cuadro familiar lleno de grietas, fantasmas, giros y rearmes. A medio camino entre la crónica, la novela y el mejor relato periodístico, Eduardo Plaza logra —con sutileza, precisión y un asombroso tino narrativo— una voz que sopla suave, pero, al mismo tiempo, remece mediante un humor punzante y una melancolía tan enigmática como conmovedora. Un libro híbrido, entretenidísimo, apreciable. <>.
